En el barrio de Belgrano nace una avenida extensa denominada de los Incas que llega a la General Paz, pero en Constituyentes cambia su nombre por Francisco Beiró en recuerdo del vicepresidente de Yrigoyen fallecido antes de asumir el cargo. Pero a principios del siglo pasado esta última se llamaba Avenida Tres Cruces y como suele ocurrir para homenajear a una persona dando su nombre a una calle, se eligió una cuyo nombre se consideraba intrascendente.
No sabemos por que a la Avenida que originalmente se llamó Del Progreso le pusieron Tres Cruces y lo mismo podríamos decir de otros sitios que en el mundo tienen ese nombre o del cerro Tres Cruces en Catamarca uno de los más altos de la cordillera. Pero no sería extraño que se refirieran a las tres cruces del Calvario.
Hacia el año 325 Santa Elena, madre del emperador Constantino que terminó con las persecuciones a los cristianos, fue a Tierra Santa con el objeto de realizar excavaciones que lograron encontrar tres cruces. Se cuenta que un milagro le permitió identificar la que sería la veracruz (cruz verdadera) o sea la cruz de Cristo, un trozo de la cual estaría hoy depositada en una iglesia de Roma.
El símbolo cristiano indiscutido es la Cruz de Cristo, la Cruz vacía, así en singular, que es la síntesis y la culminación del Evangelio. Y existen nombres de lugares, como Santa Cruz, Santa Fe de la Veracruz, Exaltación de la Cruz y muchos otros que la recuerdan. ¿Pero, podemos extraer un mensaje de las Tres cruces del Gólgota, o no tienen importancia como para merecer una reflexión o el nombre de un lugar o una calle.
El Evangelio de Juan menciona a 2 crucificados junto a Jesús (Juan 19:32), Marcos dice que “los que estaban crucificados con El lo insultaban” (Marcos 15:32) y Mateo agrega “los bandidos” (Mateo 27:44). Lucas en cambio es más explícito y relata con más detalle las distintas reacciones de “los criminales que estaban crucificados” (Lucas 23:39-44)
Mientras que el primero se burlaba e insultaba a Jesús el segundo reprendía a su compañero de infortunio diciendo que ellos estaban castigados con justa razón pero que Jesús era inocente. Luego se dirige a Jesús reverentemente y recibe la respuesta salvadora: “hoy estarás conmigo en el paraíso”
Igual que en la parábola del Sembrador, el Evangelio de Jesús tiene en este caso dos respuestas fundamentales, la aceptación o el rechazo. Pero si en la parábola las semillas que cayeron en el camino representan el rechazo del Evangelio y las semillas que cayeron entre las piedras o las espinas se refieren a una situación intermedia que sería de liviandad, inseguridad o indiferencia, las que cayeron en buena tierra y dieron abundante cosecha podrían suponer un tiempo, una maduración y por ende un cierto conocimiento doctrinario. En cambio en la escena de la crucifixión es probable que los dos reos no tuvieran la menor noción del Evangelio. Solo la presencia de Jesús crucificado inocentemente, lleva al segundo a un reconocimiento de sus faltas, quizá al arrepentimiento y finalmente a una aceptación del Señor.
Y como sucedió con los Trabajadores del viñedo, donde los contratados a última hora recibieron el mismo salario que los que trabajaron todo el día, el crucificado arrepentido recibe en última instancia y por la gracia de Dios, la misma salvación.

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